El papel de la actividad física en la lucha contra el cáncer de mama
¿Por qué la actividad física juega un papel importante en la lucha contra el cáncer de mama?
"Sé que debería hacer ejercicio, pero estoy demasiado cansado". Este es el argumento que mencionan muy a menudo muchos pacientes que padecen una enfermedad como el cáncer de mama.
Hasta el 90% de las pacientes con cáncer de mama reportan algún grado de fatiga. Este agotamiento es normal, considerando cuánto lucha tu cuerpo por curarse a sí mismo. El agotamiento puede tener causas físicas, como cirugía, quimioterapia o radioterapia, pero también puede tener causas emocionales, como estrés y preocupación.
La actividad física es clave en la lucha contra el cáncer de mama porque actúa en varios niveles a la vez. En prevención, moverse con regularidad reduce la exposición hormonal del tejido mamario —disminuyen los estrógenos circulantes y aumenta la SHBG—, mejora la sensibilidad a la insulina y modula factores como la inflamación crónica de bajo grado. Además, ayuda a controlar la adiposidad y la grasa visceral, que en la posmenopausia es una fuente importante de estrógenos por aromatización. Todo ello crea un entorno biológico menos favorable para la iniciación y progresión tumoral.
Durante el tratamiento, el ejercicio bien pautado contribuye a tolerarlo mejor. La combinación de trabajo aeróbico y de fuerza reduce la fatiga oncológica, preserva la capacidad cardiorrespiratoria y la masa muscular, y mitiga efectos colaterales como el dolor, las alteraciones del sueño o el ánimo bajo. En personas con linfedema, el entrenamiento de resistencia progresivo y supervisado no lo empeora y puede ayudar a controlarlo, lo que a su vez favorece mantener la adherencia a las pautas terapéuticas.
Si estás en tratamiento o eres superviviente
Beneficios esperables: menos fatiga, mejor capacidad cardiorrespiratoria, fuerza y calidad de vida; posible reducción de recaída y mortalidad con más actividad.
¿Es seguro el trabajo de fuerza si tuve linfedema? La evidencia (incluido un estudio reciente) indica que el entrenamiento de fuerza no empeora el linfedema y puede mejorar composición corporal y síntomas cuando está progresado y supervisado.
Cómo empezar durante quimio/radioterapia: 10–20 min de caminata los días “buenos”, ejercicios de resistencia ligeros (bandas/gomas), y subir gradualmente según tolerancia, idealmente con fisioterapia oncológica o entrenador clínico. Guías ASCO lo recomiendan explícitamente.
Qué hacer en la práctica
Objetivo semanal ejemplo (para prevención y supervivencia):
Aeróbico (150–300 min): caminar a paso vivo, bici suave, nadar, bailar.
Intensidad vigorosa (alternativa): correr suave, HIIT adaptado, ciclismo con cuestas (75–150 min).
Fuerza (2+ días): sentadillas, empujes/remos con gomas o mancuernas, press de pecho y jalón, core.
Romper sedentarismo: levantarte 3–5 min cada 30–60 min de estar sentado (pasos, estiramientos).
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