Todo sobre el cáncer de próstata
Si has llegado hasta aquí buscando una guía sobre el cáncer de próstata, probablemente quieras una explicación directa: qué es, cómo se detecta a tiempo y qué opciones existen si aparece. La idea no es asustar, sino orientarte con información fiable para que converses con tu médico con más seguridad.
Qué es y a quién afecta
El cáncer de próstata se origina en la glándula prostática y es uno de los tumores más frecuentes en varones. Su probabilidad aumenta con la edad, y en España figura de manera constante entre los diagnósticos más habituales, lo que justifica que exista tanta conversación en torno a su prevención y a la detección precoz. La Sociedad Española de Oncología Médica ofrece un marco sencillo para entender la enfermedad y su abordaje, útil como punto de partida para pacientes y familiares.
Detección temprana
La puerta de entrada suele ser una evaluación individualizada del riesgo (edad, antecedentes, síntomas) y, si procede, un análisis de sangre llamado PSA. Las guías europeas recomiendan un enfoque adaptado al riesgo y han consolidado el papel de la resonancia magnética multiparamétrica (mpMRI) antes de plantear biopsias, porque ayuda a identificar lesiones relevantes y evitar procedimientos innecesarios. En otras palabras: no se trata de hacer todas las pruebas a todos, sino las adecuadas para cada perfil.
Cuando la sospecha es alta, el diagnóstico definitivo requiere biopsia prostática. Hoy, con frecuencia se combinan las imágenes de la mpMRI con la ecografía para dirigir las muestras a las zonas más sospechosas (biopsia por fusión), lo que mejora la detección de tumores clínicamente significativos frente a biopsias “a ciegas”. La orientación de NICE sobre sistemas de fusión respalda este salto de calidad en la precisión diagnóstica.
¿Siempre da síntomas? Qué vigilar
La mayoría de los cánceres de próstata en fase inicial no producen síntomas. Suele ocurrir porque el tumor comienza a crecer en la zona periférica de la glándula, lejos de la uretra; mientras no comprima ese conducto, el modo de orinar no cambia y todo puede parecer “normal”. Por eso el mensaje clave no es “esperar a notar algo”, sino valorar el riesgo de forma individual con un profesional sanitario.
Cuando aparecen molestias urinarias, lo habitual es que estén relacionadas con problemas benignos —como la hiperplasia prostática— y no con un tumor. Aun así, si notas cambios persistentes o progresivos en el chorro, dificultad para iniciar la micción, urgencia u orinar con mucha frecuencia (sobre todo por la noche), conviene comentarlo en consulta para discernir causas y decidir si procede estudiar la próstata. El objetivo es separar lo que requiere pruebas de lo que puede manejarse con medidas sencillas.
Existen señales que, sin ser diagnósticas, merecen una valoración prioritaria. Ver sangre en la orina o en el semen, notar dolor lumbar o en caderas/pelvis que no cede y pérdida de peso no intencionada son motivos para pedir cita, porque pueden acompañar a enfermedad más avanzada o a otras patologías que también conviene tratar. Cansancio intenso o un malestar general que no se explica por otras causas son razones adicionales para hablar con tu médico.
Hay, además, síntomas que constituyen una urgencia y justifican acudir a un servicio de urgencias sin demora: dolor de espalda nuevo y continuo asociado a debilidad, entumecimiento u hormigueo en las piernas, sensación de inestabilidad al caminar o pérdida del control de la vejiga o el intestino. Pueden indicar compresión medular por metástasis vertebrales, una complicación infrecuente pero tiempo-dependiente en la que el tratamiento precoz evita secuelas.
Si te piden un PSA, recuerda que un valor alto no equivale a cáncer y que hay situaciones que elevan el PSA de forma transitoria, como infecciones urinarias, la eyaculación reciente o el ejercicio vigoroso. De hecho, se recomienda evitar la eyaculación y la actividad extenuante en las 48 horas previas a la analítica para no “falsear” el resultado. La interpretación del PSA siempre se hace en contexto y, si hay dudas, se completará con exploración y resonancia magnética antes de plantear biopsias.
Tratamientos: de la vigilancia a las terapias activas
No todos los cánceres de próstata se tratan igual. En riesgo bajo, la vigilancia activa permite controlar la enfermedad sin intervenir de inmediato, reservando el tratamiento si cambia el riesgo. En otros escenarios entran en juego la cirugía, la radioterapia y, cuando corresponde, terapias sistémicas. Tanto las guías españolas para pacientes como los documentos clínicos resumen con claridad pros y contras para ayudar a decidir en conjunto con el equipo médico.
Para valorar la extensión de la enfermedad o buscar recaídas tras tratamiento, la imagen molecular con PET-CT dirigido a PSMA se ha convertido en una herramienta de alto rendimiento, capaz de detectar focos con gran sensibilidad y cambiar decisiones terapéuticas en contextos seleccionados. La adopción de PSMA en hospitales ha acelerado este cambio de paradigma en los últimos años.
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En España, Affidea forma parte del ecosistema diagnóstico que apoya estas rutas cuando el especialista las indica. La red ofrece resonancia magnética de alta calidad —incluida la mpMRI de próstata en centros que la contemplan—, integra pruebas de laboratorio en su circuito y dispone en Madrid de PET-TC con radiofármacos PSMA para estadiaje y manejo de recaídas bajo criterio clínico. Esta disponibilidad facilita un itinerario ágil, coordinado con urología y oncología.

