Causas del dolor de rodilla
El dolor de rodilla es una molestia común que afecta a personas de todas las edades. Puede surgir de forma repentina por una lesión o aparecer progresivamente debido al desgaste, la edad o el sobreuso. La rodilla es una de las articulaciones más complejas y utilizadas del cuerpo, lo que la hace especialmente propensa a sufrir dolencias.
Conocer las causas, los síntomas y los tratamientos más adecuados es clave para aliviar el dolor y prevenir complicaciones. En este artículo te explicamos todo lo que necesitas saber.
Motivos del dolor de rodilla
El dolor de rodilla puede deberse a múltiples factores, desde lesiones puntuales hasta enfermedades crónicas. A continuación, te mostramos las causas más comunes:
Lesiones: Como esguinces de ligamentos, desgarros de meniscos, fracturas o luxaciones. Son frecuentes en personas activas o deportistas.
Uso excesivo o sobrecarga: Actividades repetitivas como correr, saltar o estar de pie durante mucho tiempo pueden provocar inflamación y dolor.
Artritis: Existen varios tipos, como la osteoartritis (desgaste del cartílago), artritis reumatoide (enfermedad autoinmune) o gota.
Condropatía rotuliana: Desgaste o debilitamiento del cartílago detrás de la rótula, habitual en personas jóvenes y deportistas.
Bursitis: Inflamación de las bolsas sinoviales (bursas) que amortiguan la articulación.
Tendinitis: Inflamación de los tendones, especialmente del tendón rotuliano (muy común en saltadores).
Desalineaciones estructurales o problemas biomecánicos: Pies planos, dismetrías o mala postura pueden alterar la distribución del peso y causar dolor.
Síntomas
El dolor de rodilla puede venir acompañado de una serie de síntomas que ayudan a identificar su origen. Entre los más comunes están:
Dolor localizado (parte frontal, lateral, posterior o interna de la rodilla)
Inflamación o hinchazón
Rigidez o dificultad para mover la articulación
Ruidos al mover la rodilla (crujidos o chasquidos)
Inestabilidad o sensación de que “falla” la rodilla
Enrojecimiento o calor en la zona afectada
Dificultad para caminar, subir escaleras o permanecer de pie
Es importante observar si los síntomas aparecen tras una actividad específica o si surgen sin motivo aparente, lo que puede orientar el diagnóstico.
Prevención
Aunque no siempre se puede evitar el dolor de rodilla, hay muchas formas de prevenirlo o reducir el riesgo:
Realiza ejercicio con regularidad, pero sin excederte. El fortalecimiento de los músculos que rodean la rodilla (cuádriceps, isquiotibiales, glúteos) ayuda a estabilizarla.
Calienta y estira antes y después del ejercicio, especialmente si haces deportes de alto impacto.
Mantén un peso saludable, ya que el sobrepeso aumenta la presión sobre las articulaciones.
Usa un calzado adecuado que amortigüe bien y mantenga una buena alineación del cuerpo.
Evita permanecer mucho tiempo de pie o en posiciones que sobrecarguen la rodilla.
Corrige la postura y la biomecánica corporal, especialmente si tienes pies planos o problemas de alineación.
Tratamiento para el dolor de rodilla
El tratamiento depende de la causa del dolor, su intensidad y duración. En la mayoría de los casos leves o moderados, se opta por tratamientos conservadores:
Reposo y aplicación de hielo: Útiles para reducir inflamación y aliviar el dolor en lesiones agudas.
Medicamentos antiinflamatorios o analgésicos: Como ibuprofeno o paracetamol, bajo indicación médica.
Fisioterapia: Ejercicios personalizados para mejorar la movilidad, fortalecer músculos y reducir la presión sobre la articulación.
Soportes ortopédicos o rodilleras: Para estabilizar la zona y evitar movimientos dolorosos.
Infiltraciones con corticoide, ácido hialurónico y plasma rico en plaquetas: En casos más avanzados, especialmente con artrosis.
Cirugía: Solo en situaciones graves, como rotura de ligamentos, meniscos o desgaste articular severo. Puede ser artroscópica o de reemplazo total de rodilla.
Cuándo consultar al médico
Aunque en muchos casos el dolor de rodilla puede ser pasajero y mejorar con cuidados básicos en casa, hay ciertas señales que indican la necesidad de acudir a un profesional de salud para una evaluación más completa.
Debes consultar al médico si el dolor de rodilla es intenso o persistente, especialmente si no mejora tras varios días de reposo, hielo o analgésicos. El dolor crónico o que se presenta de manera recurrente puede ser síntoma de una lesión estructural o una enfermedad subyacente que necesita tratamiento específico.
También es importante buscar atención médica si experimentas dificultad para apoyar peso en la pierna afectada o si sientes que la rodilla pierde estabilidad, “falla” o se bloquea al caminar. Estos signos pueden estar relacionados con problemas en ligamentos, meniscos o tendones.
Otra señal de alarma es la inflamación repentina o visible deformidad en la articulación, especialmente si va acompañada de enrojecimiento, calor local o fiebre. Estos síntomas podrían indicar una infección articular o una inflamación aguda que requiere tratamiento urgente.
Finalmente, si has sufrido una lesión directa (por ejemplo, durante una actividad deportiva o tras una caída) y el dolor apareció inmediatamente después, es recomendable hacer una consulta médica para descartar fracturas, luxaciones o roturas de tejidos blandos.
Ante cualquier duda o molestia que interfiera con tu vida diaria, lo más seguro es acudir a un médico especialista en traumatología o fisioterapia. Un diagnóstico precoz puede prevenir complicaciones y facilitar una recuperación más efectiva.
Revisado por el Dr. Carlos de la Torre
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